El Futuro Hoy

—Siempre quise esa sensación… No sé cómo explicarme. Siempre quise experimentar esa sensación de diminutez.

—¿Dice la sensación de diminutez de cuando uno ve grandezas?

—Esa.

—¿Como cuando uno pasa tiempo en la cárcel y sale y lo que ve es El Futuro y se queda inmovilizado por todo el avance tecnológico tan repentino?

—Bueno, sí. Dicen que usted…

—Le han dicho que yo puedo hacerle ver el futuro y maravillarse con la ciencia, ¿no es eso?

—Bueno, sí… Puede, ¿no? La Milagrosa, la llaman.

—Puedo. Aunque exageran un poco mis “milagros”, como usted se imaginará. Pero poder, puedo.

—Quiero ver unos cincuenta, sesenta años en el futuro. Luego iré subiendo. Pagaré lo que haga falta.

—Bien. Le aviso de dos cosas. Una, que el proceso durará una semana. Durante esa semana usted verá el futuro. Después no tendrá memoria de nada concreto, más que de la sensación de desconcierto.

—Lo sé, me habían avisado.

—Y la otra… Bueno, la gente se suele llevar una decepción.

—¿Y eso? ¿El futuro es malo?

—No, no es eso. Desde su perspectiva va a estar todo muy tecnológicamente avanzado. Y malo… No, malo no. Pero el futuro asusta, ¿sabe? Asusta a cualquiera. Y no sorprende tanto. La gente suele continuar sus costumbres presentes, incluso viendo el futuro.

—Aun así…

—Ya, ya. ¿Es consciente de la tarifa?

—Le dejé los datos de la tarjeta a su ayudante.

—Perfecto. Cuando esté listo, póngase este casco y tire de la palanca.

—¿Esta palanca roja?

—Esa. Así.

—Me molesta un poco ¿Es normal que moleste?

—Una leve molestia, al principio. El proceso no debería durar más de unos veinte, treinta segundos y ya no molesta más.

—¿Y después veré el año 2063?

—¿Eh? ¡Ay! Vaya. Mierda, lo siento. Creo que no le han informado bien de lo que hace este aparato.

—…

—¿Y bien?

—¡Sapristi! ¿Qué es este sitio? ¿Qué es toda esta aparatería? ¿Es un laboratorio? ¿Por qué hay una mujer? ¿Pero a tí te dejan limpiar estas cosas tan delicadas? ¿Eso de ahí es una tele? Anda, sintoniza a ver si echan el parte, que hoy Franco inauguró un pantano.

Saúl Fernández

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